La semana uno es la fase aguda. El dolor y la rigidez suelen alcanzar su pico entre 24 y 72 horas después del accidente, no en la escena. La atención correcta en esta ventana es conservadora: descanso, frío o calor según tolerancia, y una evaluación temprana con un quiropráctico o un médico del dolor. Las imágenes se piden si hay afectación neurológica o señales de alarma; si no, las radiografías suelen bastar para descartar fractura.
Las semanas dos y tres son para restaurar el rango de movimiento. La fisioterapia o los ajustes quiroprácticos dos o tres veces por semana son típicos. La mayoría de los pacientes ve una mejora medible en la rotación cervical al final de la semana tres. Los dolores de cabeza y la alteración del sueño suelen persistir en esta ventana — es normal, pero hay que registrarlo.
Las semanas cuatro a seis son para fuerza y retorno a la actividad normal. Hacia la semana seis, la mayoría de los pacientes con latigazo simple están al 80–100% de la función previa. El dolor irradiado, el entumecimiento o la debilidad persistentes después suelen disparar una referencia a neurología o cirugía de columna para reevaluar — no porque algo haya salido mal, sino porque el diagnóstico debe ampliarse.
Señales de alarma en cualquier momento: debilidad en brazo o mano, pérdida de control de vejiga o intestino, dolor de cabeza severo con cambios visuales, o dolor que despierta del sueño. Cualquiera de estos requiere evaluación el mismo día, no esperar a la próxima cita.
